viernes, 6 de enero de 2012

Capítulo Final Torneo Flagelante 2011 - Orgullos Encontrados


Capítulo final del torneo “Guardianes de la Llama Eterna”
Club Flagelante Feliz


La bruma y los gases nocivos flotaban de manera perezosa sobre la cima de la gran montaña. Era difícil creer que estaban ahí arriba dada la gran extensión de tierra plana que se abría frente a los ejércitos. 

Cualquier espectador hubiera esperado oír gritos e insultos o el entrechocar de escudos y espadas e incluso cualquier otra muestra de bravuconería frente al ejercito rival, pero ésta no era la ocasión. Un silencio casi antinatural era todo lo que cubría la extensión de tierra que los tácticos imperiales llamarían “tierra de nadie” y allí, justo en medio de esa zona baldía, el gran cráter Boca del Infierno lanzaba ocasionalmente bolas incandescentes de magma y roca que atravesaban el cielo con una lentitud enfermiza, como si no les importara el baño de sangre que estaba pronto a desatarse; era casi como si el volcán fuera quien estuviera retando a los dos ejércitos a combatir. 

“El mundo se había salvado”, fue el pensamiento que tuvieron en ese mismo momento los dos enviados de la Torre de la Llama Eterna; dos ejércitos partidarios del bien habían logrado llegar a la cúspide así que nada podría evitar que su sagrada misión se cumpliera; ningún ejército demente osaría atacar dos fuerzas tan poderosas: por un lado, los inamovibles hombres lagarto que habían soportado absolutamente todo lo que se les había enviado en los combates de días anteriores, y por el otro lado, los imparables silvanos y sus espíritus de los árboles, quienes parecían moverse aún cuando descansaban. Todo había terminado, los autoproclamados ejércitos del bien custodiarían su sagrada labor y pronto el mundo estaría a salvo una vez más. Lo único con lo que los flagelantes no contaban era con el orgullo de los generales. 



Justo cuando los enviados flagelantes empezaron a avanzar hacia el cráter, los silvanos, sin mediar palabra, corrieron hacia las líneas enemigas lanzando una lluvia de flechas contra los lagartos que, ordenadamente, ya habían tomado su acostumbrada formación defensiva en un rincón de la cima. Si la magia Slann o las saetas élficas fueron las primeras en surcar el cielo, nadie podría asegurarlo, lo cierto es que ambos generales, pensando en su gloria, se lanzaron a un combate innecesario... salvo para nutrir su propio orgullo. Los hombres árbol destrozaron lagartos a su paso y “sembraron” la destrucción, pues su formación estaba diseñada para contener mareas de infantería y no a esta clase de bestias campeonas de la naturaleza. La batalla fue cruenta, pero justo cuando los lagartos tomaban el control del campo de batalla, el flagelante que acompañaba a los elfos encendió la llama y con esto acabo la contienda.




Miles de cuerpos se convirtieron en alimento de las carroñeras criaturas que habitan la isla, muchos hombres jamás regresaron a sus hogares, perdidos en los bosques y junglas o demasiado asustados para volver a moverse, varios generales murieron de formas deshonrosas en este lugar fuera de los mapas... pero lo único anotado en los anales de la historia, lo único consignado en las bibliotecas de la Torre de la Llama Eterna, fue que el general Asrai se proclamó “Guardián de la Llama” y que gracias a él, el mundo está a salvo por un largo tiempo; y que el antiguo Slann es un general excepcional y definitivamente será convocado de nuevo cuando el tiempo así lo requiera. 

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