sábado, 14 de enero de 2012

Pergaminos de la Torre: Introducción a las Memorias

Por: El Profe (Flagelante Feliz)

Era costumbre para Zlitzkin prestar atención a cualquier otra cosa que estuviera arriba, abajo o, en su defecto, alrededor de su cabeza en lugar de aquello a lo que debia, tal como cosas que se aproximaban vertiginosamente hacia su escasamente notable figura cubierta de un descuidado pelaje de color negro. Sin embargo, muy para el asombro de cualquier otro miembro de su raza, Zlitzkin parecía gozar de alguna bendición extraña, una clase de suerte mal habida que robaba a quienes fueran enviados a una muerte segura al lado del distraido aprendiz de ingeniero. 


No era un miembro particularmente brillante de su comunidad, de hecho hasta parecía todo lo contrario, salvo por sus ocasionales fallos que resultaban más exitosos que la obra mejor pensada de alguno de sus difuntos maestros. Así fue como por cuestiones de falta de atención en la proximidad de algunos objetos afilados en constante rotación Zlitzkin se despidió de la mitad de su cola, la que atascó el mecanismo del que se desprendió una brutal ráfaga de metralla que dejó al buen ingeniero Agznik con más agujeros que la entrada de un nido de termitas y desprendió numerosos artilugios del techo, entre ellos una cadena con un gancho semejante a los que los humanos usan para colgar la carne que van a comer (de todas las costumbres humanas quizá los Skaven estarían más de acuerdo con esta si tan solo los cobardes sin pelaje se dignaran a colgar a la presa viva). Al final de todos los estruendos, golpes y algunas explosiones, la cadena  había quedado firmemente ajustada al muñon en la cola del infortunado aprendiz por una astilla de piedra bruja y por más ingenieros que murieron tratando de entender como demonios (o por medio de que demonios) Zlitzkin podía mover la parte de su cola que ahora era una serie de sólidos eslabones metálicos, pues nadie logró descifrar el enigma y por el bien de sus craneos principalmente, decidieron dejar que se fuera a la tumba con su sorprendido portador (si bien la sorpresa solo duró unos segundos, ya se imaginarán).

Uno de los viejos maestros...

De una manera similar cuando el pequeño cola-metálica se dispuso a limpiar un viejo lanzallamas por orden del que había tenido la mala fortuna de quedarse con él (con Zlitzkin, que el lanzallamas era una reliquia pero más confiable que el desdichado aprendiz), encontró que había algo atascado en el interior del cilindro, con tan buena suerte de que su brazo quizo compartir el espacio con lo que sea que estuviera allí al fondo y dio inicio a un forcejeo infructuoso por algunas horas mientras algunos guardias, ingenieros y realmente todos a quienes pudieron llamar a gritos, se burlaban de su suerte. La Rata Cornuda, sin embargo, dispuso que el burlarse del miembro más afortunadamente infortunado de la especie no era una buena idea, así que el viejo artefacto disparó su carga mortal hacia la turba de espectadores con tan buena suerte de solo causarles horribles desfiguraciones y terribles cicatrices (pero no la muerte) a todos y cada uno de los presentes con la excepción de Zlitzkin, quien solo miraba con un gesto que daría la sensación de que, de verdad, muy en el fondo, no tenía ni la más remota idea de como eso había sucedido. Al final el lanzallamas se despidió del brazo pero no de su dueño, ya que por obra de todas esas cosas que hacen a esa rata tan especialmente odiosa para los suyos, el maldito aparato solo funcionaba en sus manos y tanto mejor que los más elaboratos armatostes que habían segado tantas vidas enemigas como de los que se atrevían a dispararlos.

Hay más anéctodas del destino que le fue provisto de manera extraña al buen Zlitzkin (tal como cuando intentaron enterrarlo vivo y la caverna colapsó, dejando el incidente solo un sobreviviente, ya sabrán quien), pero registrarlas todas requiere más pergaminos de los que disponemos en la torre y el propósito de este registro no es dejar constancia de quien fue mientras perteneció a los suyos, sino quien es y cómo llego a formar parte de los nuestros. Su fortuna no ha cambiado en lo más mínimo, sigue siendo una desgracia ambulante con dientes enormes, una cadena por cola y un lanzallamas que deja un jabalí listo para la cena con un solo aliento, pero de alguna manera su malicia natural ha hecho las paces con su sobrecogedora falta de concentración, con tan buena fortuna para la torre que ya no incendia habitaciones al azar sino una vez al mes y no nos ha obligado a buscar nuevos miembros desde hace seis. 

Esta es por tanto, la introducción a los pergaminos destinados a contar la historia del único Skaven que, por buena o mala suerte en su miserablemente lóngeva existencia, ha logrado pertenecer a la orden de flagelantes que mora en la Torre de la Llama Eterna. Estas son las memorias del Ingeniero Flagelante Zlitzkin.


... Continuará.

4 comentarios:

  1. Y quien escribió esto? el profe?

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  2. Hahahahaha, uy, excelente relato... me pregunto quién será...

    Pero, Storyteller, necesitamos el nombre del autor, cuando menos en algunas de las entradas

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  3. Señores tienen toda la razón, se me olvidó poner eso, y si, es de mi autoría.

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  4. jajajajaja esta cool, me parece ke podria describir mas cada episodio, asi avanza menos rapidoy todo keda mejor explicado, pero es cuestion de estilos. (supongo ke de literaturano se nada)

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Gracias por sus comentarios! Un flagelante ya ha sido despachado para enseñarle el camino a los calabozos.