Los días habían sido largos y el camino traicionero bajo soles, lunas y una ventisca constante que soplaba siempre en contra de sus pasos, al principio seguros, ahora temblorosos. Lejos de casa, sin comida y apenas bebiendo lo que los cielos ocasionalmente proveían, el joven, convertido en hombre bajo el peso del inmisericorde poderío de los elementos, arrastraba sus pies y de cuando en cuando observaba el rastro de sangre que marcaba hace cuanto su calzado ya no le protegía; pero no le importaba, ya la sangre y el dolor no le importaban, ni las rapaces que esperaban su muerte, las llagas en la espalda producidas por una bolsa raida en la que no quedaba nada más que sus lamentos olvidados, nada de eso importaba. Estaba allí, el fuego, la roca, los incontables susurros de dioses y demonios reunidos a las puertas de la mítica torre, y él, diminuto ante su presencia, sintió su universo quebrarse en pedazos quedando solo su devoción en pie antes de que sus sentidos le dejaran a merced de los señores del caos.
- Arriba muchacho, que esto apenas es el comienzo.
La voz áspera le trajo de entre los mundos prohibidos a los mortales y el toque del agua pura le devolvió parte de las fuerzas perdidas en el trayecto, solo para materializarse en un grito oscuro plagado de la agonía que soportó antes para llegar allí. No era un solo dolor, una sola marca, fueron muchas, de fuego y sangre que le arrebataron el sufrimiento de sus ojos y su corazón templado con cada golpe. Aun no veía, no sabía, solo sentía como la carne se rasga ante el azote, mientras que su espíritu permanecía intacto. Los gritos se convirtieron en rugidos y su mirada volvió a él para buscar a su verdugo.
- Te lo dije, es apenas el comienzo, aun tienes mucho por aprender.
Asintió y se atrevió a esbozar una sonrisa...
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| Fuego... había fuego por doquier... |
Señoras y señores, bienvenidos a la nueva Gaceta del Flagelante Feliz. No está de más un poco de narrativa para adentrarlos en los mundos fantásticos donde se libran grandes batallas y se fraguan oscuros planes; se cuentan historias de heroes y dioses y se rumora de secretos y traciones. Aunque hay muchas historias por contar no solo eso estamos dispuestos a compartir, también hay mucho que interese a quienes toman los pinceles o se dediquen a esculpir, para quienes le den vida al terreno de batalla con bosques, rocas y edificaciones, para todos hay.
Bienvenidos de nuevo, a los viejos residentes de la torre, a los visitantes y a todos quienes pasen para recibir unos buenos azotes.
Nos veremos en el campo de batalla!
- El Escriba

Estrenando (nuevamente :P) blog, a ver que tal nos va.
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